“Los chinos no se integran”

Gladys Nieto, en La inmigración china en España. Definiciones y actuaciones sobre integración social (2003) define qué es integración utilizando, primero, el concepto de asimilación de un individuo o grupo a una comunidad, siguiendo la tradición republicana francesa, y el proceso de adaptación de los sujetos a una comunidad, “pero no a través de la fusión sino de una especie de ‘unión en la diversidad’”. Nieto matiza que aunque integración y asimilación actúan aquí como sinónimos, cuando las instituciones públicas promueven la integración de los inmigrantes hay una mayor inclinación a utilizar un concepto de esta palabra que se distinga de la fusión o asimilación a la sociedad mayoritaria, y más bien implique el impedimento de constituir guetos cerrados.

Además, la autora apunta a que algunas interpretaciones del concepto de integración social señalan erróneamente el proceso como “un acto unilateral que procede de la voluntad de los inmigrantes”, cuando en realidad tanto el Estado como la sociedad civil serían claves imprescindibles.

En Hacia una ciudad intercultural. El vecindario inmigrante en València. 2006-2016. Estudio-diagnóstico de la inmigración en la ciudad de València y materiales para el diseño del Plan Municipal de Inmigración e Interculturalidad 2018-2022, dirigido por Francisco Torres para el ayuntamiento valenciano, se explora la “mirada ambivalente” que el vecindario autóctono tiene sobre la comunidad china. Torres especifica que “el caso de la comunidad china difiere considerablemente de los colectivos descritos anteriormente, ya que suscitan opiniones ambivalentes, en parte positivas e incluso admirativas y en parte negativas”.

Así, para los valencianos autóctonos, los chinos tienen éxito porque se adaptan al mercado de trabajo, crean empleo, son emprendedores y trabajadores, pero consideran que están poco integrados. Durante el trabajo de campo, se entrevistó a diversas personas chinas que señalaron el desconocimiento del idioma como el principal muro que dificulta su integración. Para realizar trámites cotidianos, recurren a empresas intermediarias chinas o a sus hijos e hijas, ya incorporados al sistema educativo valenciano. Torres sugiere que “el cambio de expectativas en el proyecto migratorio y el establecimiento de hijos e hijas, e incluso nietos y nietas, en España puede funcionar como incentivo para su integración en la sociedad valenciana”.

Uno de los más famosos y citados trabajos a nivel nacional sobre las hijas e hijos de inmigrantes es Crecer en España. La integración de los hijos de los inmigrantes (2014), de Rosa Aparicio, catedrática de la Universidad Pontificia de Comillas y Alejandro Portes, catedrático de la Universidad de Princeton, para Obra Social La Caixa.

En él, se señalaba al colectivo de origen chino como más discriminado que otras nacionalidades. El 75% de adolescentes chinos afirmaba sentirse discriminado, frente al 26% de media de otros jóvenes de origen migrante. La cifra era también superior, un 32% frente a un 15%, respecto al número de ellos que abandonaba la escuela antes de tiempo para ponerse a trabajar, situación contraria a la estudiada en Estados Unidos. En una entrevista para El Mundo, Aparicio señaló que podía deberse al “contexto de oportunidades español, que aquí es mucho menor, y más en época de crisis. En EEUU hay un contexto de grandes oportunidades: el que quiere puede. Aquí los chinos dicen: ‘Los estudios no nos van a servir de mucho y por eso los dejan’”.

El estudio, que entrevistó a 7.000 chicos y chicas de entre 12 y 17 años y 1.800 padres en una tanda de recogida de datos en 2008 y otra en 2012 tanto en Madrid como en Barcelona, concluye que los hijos de los inmigrantes, a niveles generales, están cada vez más integrados y se sienten españoles, y que es cuanto más tiempo llevan en España cuanto más sentimiento de pertenencia nacional tienen, siendo los nacidos fuera los que se sentían menos identificados.

A conclusiones similares llega el único estudio con formato similar realizado en Valencia, titulado La integración de las hijas y los hijos de familias inmigrantes en la ciudad de Valencia (2015), hecho a partir de entrevistas cualitativas a 39 adolescentes, una de origen chino. “El factor fundamental para conseguir la integración es el tiempo que llevan en España”, reitera María Jesús Felipe, autora del estudio junto a Jesús Yébenes, en referencia a las denominadas por parte de las ciencias sociales generación 1.5 y generación 2.0, y que no se aplica necesariamente a la primera generación. Felipe concreta, además, que el concepto de integración es muy difícil de definir pero que a rasgos generales significa “el grado en el que una persona se siente parte de una comunidad y es activo en ella”.

El estudio detallaba, además, otras cuestiones: el sentimiento de pertenencia aumentaba a medida que su lengua materna era el castellano o se desenvolvía con el valenciano, la discriminación aumentaba cuanto mayor era la diferencia física y racial, los padres minimizaban la importancia de los incidentes racistas, y solían realizar un menor seguimiento escolar que los padres españoles por los amplios horarios de trabajo que tenían.

La técnica de Servicios Sociales señala que las propuestas más importantes para mejorar la integración son a nivel educativo: “Muchos colegios decían que no había discriminación, pero hay que trabajar también la discriminación latente”. Además, afirma que estos jóvenes “tienen un plus de conocer dos culturas, un plus incluso sobre los propios españoles” y así se tiene que percibir y explicar desde las escuelas.

El otro autor del estudio, Jesús Yébenes, explica las políticas de integración que lleva a cabo el ayuntamiento de Valencia: “En el último mandato, se creó la concejalía de Cooperación e Inmigración. Originalmente, estas áreas dependían de la concejalía de Bienestar Social”. Está de acuerdo con Felipe en la necesidad de crear “estrategias en los colegios” y por toda la ciudad, que se acaba de unir a la Red de Ciudades Interculturales. En la línea de crear una Red Antirrumores como en otras ciudades españolas, Yébenes adelanta que se han realizado vídeos sobre estereotipos de la comunidad china y pakistaní en Valencia “por la visión de ser comunidades más cerradas, que se dan trabajo a sí mismas, sin estar masivamente trabajando para otros”, y en cuya elaboración se ha contado con la colaboración de la asociación cultural Han.

La profesora de la UAM y también directora del Instituto Confucio de Madrid, Gladys Nieto menciona, precisamente, que una de las particularidades del colectivo chino es “trabajar en un ámbito muy vinculado a una economía étnica. El nicho de los restaurantes, la exportación, importación, etc.”. Un “nicho étnico” que se ha formado por “inmigrantes que tenían restaurantes y fueron trayendo a sus parientes”.

Yébenes critica, sin embargo, que a pesar de mantener buenas relaciones con la asociación cultural Han y otras asociaciones de empresarios chinos y de estudiantes, estas solo colaboran para “cosas puntuales, pero no tanto de manera propositiva o constante”, y aunque la asociación cultural Han está en el pleno del Consejo Local de Inmigración e Interculturalidad, creado en la última legistlatura y presidido por la concejala Neus Fábregas con la integración de unas 80 asociaciones y redes, esta no está en los grupos de trabajo.

No obstante, Valencia tampoco cuenta con ningún servicio de mediación intercultural, y los de traducción e interpretación, como apunta Yébenes, son “muy deficientes”, ya que dependen de becarios y contratos temporales de prácticas. En Madrid, Yue Fu trabaja como mediadora intercultural, e incide en que es “la barrera idiomática la que verdaderamente impide a los chinos entrar en la sociedad española de verdad”. Matiza que “no pueden” por las horas que trabajan, y “no quieren” porque sus hijos son los que, en la práctica, les terminan ayudando con los trámites.

Yue Fu siempre ha tenido el sueño de ayudar a adolescentes que han padecido su misma situación. Mientras estudiaba la carrera de Psicología, hacía voluntariado para la comunidad china y organizaba eventos interculturales para los estudiantes chinos. Aunque se desenvuelve a la perfección entre la comunidad china y la española, después de llegar a la edad de 14 años a Vic, alude a que ella misma no ha tenido “una integración completa” y expone, tajantemente: “Yo no me siento en dos mundos. Yo sigo estando en el mundo chino”. Afirma no buscar la integración, pero que “no es algo intencionado. Es algo que está en ti, en tu cuerpo”. Ella, al fin y al cabo, nunca eligió migrar. ¿Por qué debería querer integrarse?

El abogado y formador intercultural Antonio Liu Yang se muestra crítico con las políticas del ayuntamiento valenciano en materia de integración porque, efectivamente, “hay personas que no se quieren integrar y es una opción igual de digna”. La joven asturiana Susana Ruan también rehúsa la palabra ‘integrar’: “¿Por qué me tengo que integrar? Debería sentirme cómoda en la sociedad y ya está”. ¿Por qué hablar de integrar a jóvenes que han nacido y crecido en el seno de la propia sociedad española? Es el caso de Javi Huang, que presume de hablar español y valenciano “incluso mejor que los españoles”, o de tener más sentimiento de pertenencia que los propios autóctonos. O el de Susana Ye, que expresa que “donde fueres, haz lo que vieres” y que la propia cultura china les ha enseñado a ser “camelónicos”.

Susana Ruan

En cuestiones de modelo de negocio, Liu Yang también concibe a la segunda generación muy integrada, y Ye indica que la nueva emigración china se adapta a hacer, por ejemplo, comida española en bares típicamente españoles. No obstante, queda mucho por hacer, mucha “pedagogía” y demostrar que “enriquece a la propia sociedad española”.

¿Pero qué hay de los jóvenes que, como Yue, nacieron en China y emigraron de adolescentes a España? En sus investigaciones, Nieto recuerda hablar con jóvenes que no sabían dónde hacer amigos y dónde encontrar espacios donde desenvolverse. En esa línea, Nieto sugiere que el ayuntamiento madrileño debería establecer iniciativas para crear espacios que permitan “la comunicación, el entendimiento, el compartir algo”.

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