“¿De dónde eres?”

Creo que no es relevante preguntarme de dónde vengo”, opina Mónica, rotunda. Acepta que le pregunten por curiosidad, y en esos casos, intenta “responder amablemente”, pero admite estar cansada de que, por su cara, asuman que, aun habiendo nacido en Valencia, no es valenciana.

Para Run Xin Zhou, estudiante de Bellas Artes en la Universitat Politècnica de Valencia, hija de wenzhouneses establecidos en Torrevieja, “la identidad no es fija, limitada, sino que fluye”. “Soy esto y mañana lo otro. No me clasifico. No me siento ni española, ni valenciana, ni alicantina ni torrevejense. Al mismo tiempo, me siento china, pero no me limito a eso. Soy española, pero no me limito a eso. En mi mente, solo soy yo”, expone.

Run Xin Zhou

De modo similar a ese no sentirse de ningún lugar se expresa Julio Hu, nacido en Madrid y, como Run, de padres de la ciudad china de Wenzhou. Él no se siente valenciano, a pesar de haber estudiado durante sus años de instituto en Elche, ni madrileño, aunque se haya criado en la capital española y considere que Madrid es la ciudad que mejor conoce. Por la familiaridad que le sugiere, él se siente, especialmente, de Wenzhou, por mucho que, cada vez que vuelve, se dé cuenta de que no encaja y de que “está fuera de lugar” por verse “occidentalizado”. No reivindica, sin embargo, una identidad china porque “ser chino es muy ambiguo, y desde la diáspora hay muchas identidades chinas”, y tampoco una identidad española porque jamás se ha sentido bienvenido en el Reino de España como “persona racializada” de origen migrante.

Julio Hu

Según Julio, las personas migrantes y racializadas no deberían enfocar su discurso en disputarse el concepto de “ser español”, porque los Estados-nación y las nacionalidades son “un invento muy reciente”. El joven, estudiante de Lenguas, Cultura y Comunicación en la Universidad Autónoma de Madrid, expresa también su rechazo al término viral ‘chiñol‘, acuñado por Shaowei Liu en redes sociales y utilizado en el título del documental Chiñoles y bananas de Susana Ye, porque, para él, sugiere “partirse por la mitad”.

En Chiñoles y bananas, documental de 24 minutos del año 2016, la periodista de origen chino Susana Ye entrevistaba a jóvenes de la comunidad china que, en general, “aceptaban muy bien” la suma de ser chino y español, como “dos vertientes que nutren”. La periodista matiza, eso sí, que llegar a ese sentimiento de satisfacción “les había llevado un trabajo previo”. La académica Gladys Nieto, que también participaba en este documental, apunta que muchos de los jóvenes que ella entrevistó durante el trabajo de campo para su investigación en el barrio de Usera “se relacionaban con la comunidad china y con la comunidad española, y no tenían ningún problema en transitar entre una y otra”, pero señala, como Ye, que el siguiente paso sería que “el círculo chino y el español” de estos jóvenes se juntaran y no fueran “mundos separados”.

La investigación de la argentina Gladys Nieto también desvelaba una “nostalgia” que los jóvenes sentían frente a un pasado idealizado en China, en que “podían hacer cosas que parecía que en España no”. Julio Hu es uno de esos jóvenes de Usera y, si bien no nació en Wenzhou, la nostalgia que le invade esporádicamente sobre esa ciudad de la que se siente tan cerca es comparable a la del wenzhounés y valenciano Xingchi Yao, que emigró de niño a España en los años 80. Aunque considera que “tenía problemas identitarios más graves que pensar si era chino o español” por otros problemas familiares, también considera que “la identidad es cambiante” y ha transcurrido por “diversas fases” a lo largo de su proceso de maduración.

Como Julio, Xingchi considera que “ser chino es una idea muy vaga”, y toma como identificación identitaria la ciudad wenzhounesa, donde se crió, pero que a sus ojos ya no existe en la realidad y solo permanece en su imaginación. Aunque regresa cada año, siente “un fallo temporal, más que espacial”, ya que su identidad pertenece a la ciudad de su infancia, que recrea en sus recuerdos, no a la actual. A Xingchi siempre le quedará, eso sí, Valencia. Aun cuando para él hablar de la ciudad entera es también algo relativamente abstracto, hay zonas concretas que son bastante importantes para su identidad: “Soy muy del barrio del Carmen, la plaza de la Virgen, el Mercado Central”, explica el profesor de la Universitat de València, cuya pareja es del Cabanyal.

Para Javi y Elena, compañeros de clase en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación, y alumnos del profesor Yao, el principal problema es que pese a que se sienten españoles por haber nacido aquí, “los españoles no te tratan como a un igual”. “Da igual que llevemos aquí 20 años, para ellos seguiremos siendo extranjeros”, oyó Elena de su padre cuando este se enteró del bloqueo masivo de cuentas bancarias a personas chinas por parte de BBVA. Quizá por eso Elena también padece cierta incomodidad cuando alguien le dice que ella es española y punto; porque sus raíces, al fin y al cabo, son chinas, bien que ella nació en España.

Para la mayoría de las hijas e hijos de migrantes chinos es ineludible hallarse “diferente aquí y allí”.

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